El fin de la previsibilidad: ¿Cambio de paradigma o burbuja política?
Por: Andrés Ceballos
¿Alguna vez te detuviste a pensar qué es lo que realmente compra el argentino cuando compra "libertad"? Spoiler: no es lo que dice el manual de economía clásica.
Hoy, Argentina es un laboratorio a cielo abierto. De un lado, un gobierno que llega con una propuesta de disrupción total. Del otro, una sociedad que, aunque golpeada, sigue aferrada a un activo invisible pero fundamental que ha definido su ADN por décadas: la previsibilidad.
Si analizamos este escenario con las herramientas de la psicología social, el marketing de consumo y la gestión del riesgo, la pregunta surge sola: ¿Estamos ante un cambio de paradigma real o simplemente ante una "burbuja" política que no termina de entender a su consumidor final?
El "Insight" de la Previsibilidad
A menudo, desde los centros de poder o la academia, se confunde la búsqueda de estabilidad con la falta de ambición o la chatura. Es un error de diagnóstico. La clase media argentina no ha sido una construcción azarosa; ha sido una cultura edificada sobre la base de la previsibilidad como metáfora de orden.
Poder proyectar las vacaciones de verano, el cambio del auto, el acceso a la salud o el colegio de los chicos no es solo una cuestión de bolsillo; es un mecanismo psicológico. Como diría Erich Fromm, es nuestro refugio contra el "miedo a la libertad".
Fromm explicaba que, ante la incertidumbre total, el ser humano busca "vínculos primarios" que le den seguridad. Para el argentino, ese vínculo fue el Estado paternalista y un modelo de bienestar previsible. Milei llega para romper ese cordón umbilical, ofreciendo una "libertad de" (liberarse de la carga estatal), pero dejando un vacío inmenso en la "libertad para" (la capacidad real de construir un futuro sólido en la intemperie).
Robustez vs. Antifragilidad: El choque de sistemas
Aquí entra en juego el concepto de Nassim Taleb: la Antifragilidad. La nueva politica gobernante quiere que Argentina deje de ser el paciente que solo aguanta para convertirse en el sistema que se fortalece con el desorden. Pero se olvida de un detalle antropológico: Argentina es una sociedad robusta, no antifrágil.
La robustez argentina es nuestra capacidad de "atar con alambre", de resistir crisis y volver a surgir, pero siempre manteniendo la misma forma. Queremos que el golpe no nos rompa para poder volver, lo antes posible, a nuestra zona de previsibilidad.
La propuesta de las nuevas leyes (Ley de Modernización Laboral) son el ejemplo perfecto de este choque. Desde el management y la macroeconomía, suena a eficiencia y dinamismo. Pero desde la psicología del trabajador de clase media, suena a la pérdida del último activo de seguridad. Es una idea que, hoy por hoy, parece estar fuera de época. Estamos intentando venderle "riesgo" a un mercado que, tras años de palizas económicas, solo pide "piso".
La identidad como consumo: El termómetro de Oliveto
Como señala Guillermo Oliveto, en Argentina "consumo es identidad". El argentino no se siente ciudadano por el voto, sino cuando puede ejercer sus rituales de clase media. La previsibilidad era el contrato que permitía que esos rituales existieran.
El fenómeno de la derecha "libertaria" desprecia esa cultura de la previsibilidad, considerándola un lastre. Pero al hacerlo, ataca el motor que hace que la sociedad se sienta parte de un proyecto. Si el ajuste rompe el consumo y no devuelve una sensación de futuro previsible, el ciudadano se siente "caído del sistema". Oliveto advierte que no se puede cambiar el ADN de una sociedad por decreto; se necesita un puente cultural que hoy parece no existir.
El espejismo de las nuevas generaciones
¿Y qué pasa con los más jóvenes? Ellos son el gran soporte de este cambio, pero su psicología es distinta. No han conocido la previsibilidad de sus padres. Han crecido en la inestabilidad y bajo la influencia de lo que podríamos llamar el "mito del éxito de garaje".
Es lo que Fromm definiría como la "Personalidad Mercantil" llevada al extremo: el yo como una mercancía que debe exhibirse constantemente para ser relevante. Buscan el atajo, el contenido creativo, la pegada mágica.
Sin embargo, hay una trampa. El éxito de garaje es una excepción estadística. Cuando esa fantasía choque contra una economía interna que no arranca y una realidad laboral sin redes de contención, ¿Qué quedará de esa psicología? Sin la robustez de la generación anterior y sin el cumplimiento de la fantasía nueva, el riesgo es caer en una frustración destructiva. Si el "atajo" no lleva a ninguna parte, el miedo a la insignificancia se vuelve inmanejable.
¿Cambio de Paradigma o Burbuja Política?
La gran incógnita es si Milei logrará "hackear" la psicología social argentina o si simplemente será un fenómeno pasajero.
Para que la disrupción sea exitosa y se convierta en un cambio de paradigma, no puede ser un acto de fuerza; tiene que ser un acto de habilidad. Si el gobierno logra que la libertad no se sienta como desamparo, sino como una nueva forma de seguridad basada en reglas claras, habremos mutado.
Pero si la política se queda solo en lo macro —en lo que "está a favor de él"— y se olvida del hogar, Milei será solo una burbuja política. Un injerto que la cultura robusta y paternalista argentina terminará expulsando para volver a buscar a cualquier líder que le prometa, una vez más, que el mañana será previsible.

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