El Marketing y la política del caos: Cuando la incertidumbre dejó de ser un problema para ser un valor.
Por: Andrés Ceballos
El mito generacional y la velocidad del presente
Desde la visión de Bobby Duffy. En su obra The Generation Myth, Duffy nos advierte que tendemos a etiquetar a las generaciones (Gen Z, Millennials) como si fueran especies distintas, cuando en realidad lo que cambia es el efecto de periodo. Las nuevas generaciones no abrazan el caos por una rebeldía genética, sino porque nunca han habitado un mundo sólido. Para un joven de 20 años, la "estabilidad" de Bauman es una leyenda urbana, algo que le contaron sus abuelos pero que no existe en su realidad material.
Duffy explica que el "efecto ciclo de vida" (la idea de que nos volvemos más conservadores o buscamos seguridad al envejecer) se ha roto. Como estas cohortes no tienen acceso a la casa propia o a la carrera de por vida, han validado la incertidumbre por necesidad. Para ellos, el valor humano ya no es la permanencia, sino la agilidad. En la política de Milei y la que plantea el mundo de hoy, han encontrado una narrativa que convierte su precariedad en una virtud: ya no son "desprotegidos", son "libres". El sistema ya no los protege, pero tampoco los detiene.
Del "pisar cabezas" al olvido del más débil
Esta nueva cultura impone una ley darwinista: el ser se define por el que llega primero. A diferencia del siglo pasado, donde el rival era alguien a quien vencer para subir, hoy el "otro" es simplemente alguien a quien ignorar. El éxito ya no es jerárquico, sino de velocidad. Quien no tiene las herramientas tecnológicas, el capital cognitivo o la salud para surfear el caos, simplemente deja de existir en el radar de lo público. El "olvido del débil" no es una consecuencia accidental de este modelo cultural; es una condición necesaria para que la competencia sea "pura".
Lo curioso es que las protestas contra estas reformas —lejos de erosionar el apoyo al modelo— funcionan como un validador de promesa. Para el seguidor de Milei, la resistencia de los sectores tradicionales es la confirmación visual de que se está rompiendo con el lastre. La protesta del "otro" actúa como un pegamento de identidad: "si ellos lloran, nosotros avanzamos".
La gran apuesta: El consumo como única validación
Sin embargo, como toda estrategia de marketing agresiva, el modelo de Milei enfrenta un riesgo existencial. Esta pseudo-libertad se sostiene sobre un solo pilar: la capacidad de consumo. Bauman fue tajante: en la modernidad líquida, somos "consumidores primero, ciudadanos después". La identidad de "león" o de "emprendedor" solo es sostenible mientras el individuo pueda validar su éxito en el mercado.
Si el caos no se traduce en el corto plazo en acceso a bienes y servicios, el hechizo se rompe. La libertad de "no tener nada" solo es seductora mientras exista la expectativa de "comprarlo todo". Si la inflación o la recesión impiden que el individuo ejerza su derecho al consumo, el contrato emocional con la marca se quiebra.
En ese momento, es probable que surja lo que Bauman llamó Retrotopía. Cuando el futuro es un caos que no cumple y el presente es una lucha agotadora, el ser humano no avanza, sino que mira hacia atrás. Veremos entonces una melancolía por cualquier orden pasado que prometa, al menos, previsibilidad.
Estamos ante un experimento social donde el marketing ha logrado que la sociedad abrace la incertidumbre como un valor supremo. Pero no nos engañemos: en el reino del caos, la libertad dura lo que dura el saldo en la tarjeta. El éxito de esta "batalla cultural" no se definirá en el Congreso, sino en la capacidad de este modelo de permitir que sus corredores sigan consumiendo mientras intentan no quedar olvidados en la carrera.
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